miércoles, 23 de marzo de 2011

Instrumentos de evaluación: El portafolio.

La última entrada del blog está enfocada a instrumentos de evaluación, personalmente he escogido el portafolio a raíz de mi experiencia como correctora de portafolios dentro del proceso de evaluación docente chileno.
¿De donde surgen los portafolios?
El uso del portafolio no es una idea original del ámbito educativo, sino que es tomado desde otras disciplinas, específicamente de artistas, fotógrafos y arquitectos, quienes mediante su uso dan cuenta de lo mejor de su trabajo.  Al replicarlo en el mundo educativo se busca dar cuenta de todos aquellos esfuerzos realizados por el profesorado en la búsqueda de una mejora de su labor profesional que tendrán como resultado un desarrollo de su medio laboral.
Uno de los elementos más significativos de su realización está dado porque el profesor o profesora se transforma en un investigador/a dentro de su proceso profesional, al asumir varias funciones en la realización del portafolio, partiendo por ser él / ella quien realiza la recogida de datos, quién deberá llevar a cabo un proceso reflexivo de su propia práctica, estructuración de metodologías adecuadas, buscar la mejora docente, realizar un balance y proponerse metas, etc.   Llevar a cabo estos pasos deberían constituir un avance significativo dentro de las funciones del docente escolar, ya no como mero transmisor de una serie de saberes sino un profesional que va dando cuenta de su diario accionar, el cual no debe ser mecánico sino dinámico.
Ventajas de su uso
La realización del portafolio posee una serie de utilidades que han sido detalladas por Fernández March (2004), estas serían:
·         Recoger y presentar evidencias y datos concretos sobre la efectividad de su enseñanza para su numerización y/o las comisiones de promoción.
·         Reflexionar sobre aquellas áreas de su enseñanza que necesitan mejorar.
·         Tener un documento con el que conocer cómo ha evolucionado su enseñanza en el tiempo.
·         Preparar materiales sobre la efectividad de su enseñanza, cuando se presenten nuevas oposiciones.
·         Compartir sus conocimientos y su experiencia con los profesores de su departamento o centro más jóvenes.
·         Dar consejos para la enseñanza de cursos específicos para los nuevos profesores a tiempo completo o a tiempo parcial.
·         Solicitar reconocimientos o premios relacionados con su enseñanza.
·         Dejar un legado escrito en el departamento para que las generaciones futuras de profesores que estén preparando sus cursos tengan el beneficio de su pensamiento y su experiencia.
A partir de estas utilidades descritas por Fernández March, podemos señalar que se valora fuertemente la reflexión que realiza el docente en la elaboración del portafolio, pero algo muy destacable es la valoración del trabajo colaborativo con otros colegas que pueden enriquecer el portafolio, lo cual es altamente aconsejable por los procesos de retroalimentación que se efectúan, una comunidad educativa reflexiva y colaborativa es ideal para el crecimiento de toda la institución pero, lamentablemente sabemos que esto no es una práctica tan común en un medio como el chileno, porque el profesorado, al tener una gran cantidad de horas aulas, no cuenta con los espacios suficientes para tener este tipo de intercambios.
El uso del portafolio como instrumento de evaluación de los docentes chilenos
Como he señalado al comienzo de este escrito, he trabajado como correctora de portafolios, el vivir esta experiencia de forma cercana me permite entender las resistencias de algunos docentes a vivir este proceso, evaluar la calidad de quienes ejercen tan importante misión como la de educar a los jóvenes no es el problema, para ellos el tema está dado por las condiciones adversas en las que tienen que enfrentar la realización del portafolio, fundamentalmente porque sabemos que llevar a cabo dicha tarea demanda una gran cantidad de tiempo, y es exactamente un elemento que escasea, con jornadas donde los docentes realizan entre 30 y 44 horas aula, o algunos trabajan en más de un lugar.   Bajo estas condiciones los docentes deben realizar su portafolio en su tiempo libre, fuera de su lugar de trabajo, lo que implica que difícilmente sea una tarea que pueda contar con la colaboración del resto de sus colegas y muy difícilmente podrá ser un trabajo de corte reflexivo y pensado como un aporte a su labor, sino mas bien será visto como una pesada carga impuesta por las autoridades educacionales, quienes en ningún momento han considerado la posibilidad de liberar de algunas actividades a los docentes para que puedan dedicarle tiempo a realizar el portafolio.  Si buscamos una mejora del sistema educativo en general, y de los docentes en particular, también se deben contemplar entregar facilidades en su labor, lo que finalmente logrará la tan ansiada mejora de los resultados del sistema educativo.
Referencias
Fernández March A: El portafolio docente como estrategia formativa y de desarrollo profesional, Educar 33, pp 127-142. En: http://campus.usal.es/~ofeees/NUEVAS_METODOLOGIAS/PORTAFOLIO/0211819Xn33p127.pdf
Capturado el 23 de marzo de 2011.
Página de docentemas
http://www.docentemas.cl/dm04_instrumentos_port.php

martes, 8 de marzo de 2011

La evaluación de centros educativos

Ya con anterioridad nos habíamos referido a las dificultades que implicaba la existencia de una débil  “cultura educativa”, dentro de los implicados en la educación, naturalmente vinculado a que mayoritariamente esta evaluación presenta un carácter punitivo, por lo cual no ha de extrañarnos que esto nos genera profundas complicaciones al intentar realizar una evaluación del centro educativo, impidiendo apreciar las ventajas que su realización provoca a la comunidad implicada de este proceso.  Esta tendencia negativa evidencia los temores a dejar al descubierto aquellas situaciones que necesitan ser mejoradas, e inclusive a veces no nos damos cuenta que existen ciertas prácticas que no están desarrolladas correctamente o que sencillamente pueden ser mejores.   Además debemos agregar las razones técnicas, las presiones, carencia de evaluadores cualificados y las evidentes dificultades que se generan para conseguir una participación adecuada y la necesaria colaboración de los agentes implicados en el proceso.   Es decir, podemos coincidir en que:
“Aunque la necesidad de la evaluación de los centros es proclamada tanto por los expertos en educación como por la Administración educativa, la realidad muestra que su concreción en la práctica es una actividad ocasional, asistemática y dispersa, cuando no inexistente, llamando la atención el hecho de que, hasta ahora, los centros docentes no hayan sido evaluados de una manera rigurosa; ni desde dentro, para comprobar el resultado de su actividad y mejorar la toma de decisiones; ni desde fuera para ver si cumplen el compromiso social y educativo que la sociedad les encomienda.” (Sánchez Pérez: 2007).
El evaluar un centro nos ofrece la oportunidad de fortalecer su funcionamiento, se transforma en un poderoso instrumento de cambio y mejora que nos permitirá, entre otras cosas:
·         Obtener información de su funcionamiento y de sus resultados
·         Conocer la evolución de cada uno de los aspectos que se evalúan.
·         Conocer la evolución del alumnado.
·         Conocer la evolución del trabajo y desempeño de los docentes.
Todo lo anteriormente descrito busca  transformarse no en un elemento de control ni de castigo, ni se busca tampoco someter a los alumnados a mediciones exhaustivas e interminables, sino que responde a un fin mucho más amplio, que implica colaborar en el diagnóstico del centro para realizar una cartografía de sus puntos fuertes y débiles y que mediante esta información, la comunidad del centro sea capaz de generar proyectos de mejora y cambio, lo cual, al involucrar a los diferentes agentes nos permite potenciar la conformación de un compromiso con el centro al comprender las amplias posibilidades que implica un trabajo evaluativo en equipo, coordinado y compartido, donde las distintas opiniones conformen una amplia gama de posibilidades de mejora.
Para realizar la evaluación del centro Santos Guerra (1996) establece tres posibilidades:
Un sendero descendente
Se incluye en esta categoría a aquellos estudios cuyo rigor es limitado, por lo tanto, resulta dudosa la utilidad de los esfuerzos evaluadores. Esto sucede cuando los instrumentos no son los suficientemente sensibles a la complejidad del objeto de evaluación. También puede suceder cuando no se ha abierto la evaluación a la participación de todos los estamentos involucrados (evaluaciones impuestas) y otras, cuando el resultado no se ha utilizado para realizar una mejora concreta.
Un sendero ascendente
Cuando un centro, por iniciativa propia, elige poner en marcha un proceso de autoevaluación institucional, permite que la reflexión informal adquiera un nivel interesante de sistematización, rigor y formalización. Sin embargo, no resulta útil una tarea auto reflexiva que se realiza por mandato externo. El carácter burocrático de estos instrumentos evaluadores no ofrece mayor utilidad.
Un sendero en espiral
En este caso, se trata de una combinación que involucra tanto a la iniciativa interna del centro como la mirada de evaluadores externos. El análisis externo evita el sesgo de quienes pertenecen a la comunidad que está siendo estudiada, pero no se sustituye a los actores en la etapa de valoración y análisis.

 Para finalizar podemos señalar que una evaluación permanente, conversada, consensuada es muy útil pero especialmente si todos los involucrados son incluidos de ella, solo un proceso con esas características nos permitirá llegar a formular un modelo de actuación adecuado al centro escolar, conseguir detectar las dificultades y definir los elementos positivos para su funcionamiento.

Referencias
Sánchez Pérez J “Evaluación de centros de calidad”, Revista de Avances en Supervisión Educativa, Nº 5, España. En http://adide.org/revista/index.php?option=com_content&task=view&id=174&Itemid=45
Santos Guerra Miguel A. (1996), Evaluación Educativa 2 Un enfoque práctico de la evaluación de alumnos, profesores, centros educativos, y materiales didácticos. Editorial Magisterio del Río del la Plata, Buenos Aires.